Cadena de la Solidaridad

Autor: Blanca Luz Camucet

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Que aparte y solos, vivimos unos de otros, que ha cambiado en nuestra vida cotidiana, quizás hay alguien que espera por nuestro recuerdo y presencia.

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Conversaban animadamente los claveles con las clavelinas, los primeros más altos se quebraban un poco para participar en la conversación.


Ellas hablaban de la sra. Rosa, asi la habían escuchado nombrar, estaba enferma desde hacía varios días, y por lo mismo no las podia mirar como antes, ni dar vuelta su tierra, ni regar y vivía solitaria en su casa, que era pequeña y acogedora. Ya eran varios días que ella no salía de su casa, ni recibía visitas.


Las clavelinas se sentían tan bien, cuando ella les decía que bonitas estan mis flores, que alegran mi corazón con sus botones de colores. Y las flores se alegraban de escuchar su voz.


Los claveles que eran un poco más indiferentes a los halagos, se dieron cuenta que si la sra. Rosa no se preocupaba más de ellos, iban a morir, y que podian hacer, si ellos eran flores y no podian caminar.


Vinó una abeja a visitar a las flores, y éstas le contaron la preocupación que tenian por la dueña de su jardin, y ella les dijo que era chiquitita que porque mejor no hablaban con el viento.


Y el viento que pasaba por allí se acercó y preguntó:¿ quién quiere hablar conmigo ?, todo fuerte y poderoso como él era, y la abejita le explicó la tristeza de las flores por la sra. Rosa.


Entonces él dijo que iba a pasar por sus ventanas, efectivamente pasó por ellas, y una de las ventanas era del dormitorio de la sra. Rosa, ella estaba como durmiendo y quejándose en sueños.


Que triste es, como es que nadie del vecindario se ha dado cuenta que no ha salido hacen días, pensó el viento.


El viento triste le conto el caso a su hermana, la brisa, pues él no podia quitar de su mente que una persona que tenia tan bonita su casa y su jardin tan bello, nadie se diera cuenta de sus días de ausencia.


La brisa al ver la tristeza de su hermano viento, fue a visitar la casa y golpeó los vidrios y vió que la sra. Rosa giró su cabeza pero no se levantó.


Allí se dió cuenta la brisa que con mucha razón habían hablado las clavelinas, los claveles, la abeja y su hermano viento.

Justo ese día, era un dia Domingo los niños jugaban en el patio con una pelota, y la brisa empujó con todas sus fuerzas esa pelota hacia el jardin de la sra. Rosa, los niños le dijeron a sus padres que se les habia caido la pelota en el patio de la casa vecina, y sus padres les dijeron que no se preocuparan que cuando salieran compraban otra pelota.


La brisa estaba decepcionada no contaba con esa solución, pero en eso vió a Don Segundo, al otro lado de la casa, con su sombrero de siempre y vinó la brisa, y lo hizo caer en el jardin de la sra. Rosa, hacia mucho sol ese día, para estar sin sombrero, asi que el empezó a llamar: sra. Rosa, sra. Rosa, mi sombrero se cayó a su jardin.


Don Segundo no recibía respuesta, asi que decidió entrar a su casa a buscar otro sombrero, pero la brisa no se había ido, ella estaba esperando que alguien entrara a la casa y muy traviesamente con ayuda de su hermano viento, lanzaron el sombrero al jardin nuevamente.


Entonces Don Segundo, se dio cuenta que era demasiada casualidad que se le cayeran dos sombreros y al mismo patio, buscó la escalera y la apoyó en el muro medianero y observó que el jardin estaba seco, la sra. Rosa hacian días que no lo cuidaba, que extraño pensó, pues si ella hubiera salido le habria dicho a él que le cuidara la casa, como siempre ella lo había hecho, se sintió triste al darse cuenta, que no habia notado su ausencia en sus salidas a las compras y en el riego del jardin.


Sra Rosa, sra Rosa volvió a gritar y no recibió respuesta, salió de su casa y observó la puerta de la casa de la sra. Rosa y estaba con la chapa cerrada con llave, y sin el candado, asi que concluyó que ella estaba dentro y empezó a pensar en como lo hacia, fue a buscar a su esposa y le preguntó si se habia topado con la sra. Rosa en los últimos días y ella le contestó que no, el le expresó su preocupación por la vecina y que quería pasar por la muralla a la casa vecina, y su esposa trató de hacerlo desisitir de la idea, diciéndole que no se metiera en líos.


Y si era tarde, pensó Don Segundo, la posibilidad que fuera demasiado tarde le dió valor, asi que llamó a la policía, le explicó lo que pasaba con su vecina, y los policías le dijeron que iban a darse una vuelta más tarde.


Don Segundo no quizo aguardar más, y se pasó a la casa vecina, revisó las ventanas y las puertas y afortunadamente, la puerta de la cocina no estaba bien cerrada, y el la empujó un poco y la abrió, entró a la casa llamándola, y miro todas las habitaciones hasta que encontró el dormitorio de la señora Rosa y le vió en la cama, le tomó la mano y le preguntó porque no los había llamado y ella le respondió que por no molestar en un hilo de voz.


Don Segundo se dió cuenta que habia que llamar a la ambulancia, la sra. Rosa estaba deshidratada, pálida y delgadísima de seguro que hacia días que no se alimentaba. Llamo de inmediato a la ambulancia y los doctores al atenderla se dieron cuenta que doña Rosa tenia pulmonía y que era urgente llevarla al hospital.


Don Segundo y su esposa iban a visitar al hospital a doña Rosa y le contaban que sus flores estaban esperándola y que estaban muy bonitas, la sra. Rosa se sonreía al escuchar eso, les miraba agradecidamente y les daba la mano, y él le decía que si no hubiera sido por la brisa y el viento que llevaron sus sombreros a su jardin, él no hubiera sabido que ella estaba enferma.


El viento y la brisa se sonreían felices, porque en realidad ellos solo habían participado de la cadena de las flores, de la abejita y del valor de don Segundo, pues al final todos eran parte de esta cadena de solidaridad.

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