Hambre, por aprender

Desde que abrimos el centro de atención de niños con necesidades educativas especiales, vemos una y otra vez como el sistema educacional y de salud chileno, deja a muchos ciudadanos a medio, con un acceso educacional limitado (tres a cuatro veces el mismo nivel) y con un acceso de salud limitado (atención profesional una a tres veces al año).

Nuestros niños llegan con dificultades para concentrarse, con dificultades para hablar, con problemas para expresar su voluntad. Y las primeras sesiones son muy díficiles, requerimos que los padres y entorno familiar coopere, que afiancen lo que se enseña como cosas tan simples como saludar, como fijarse en lo que sucede alrededor, cooperar en casa, ser útiles, quien no es feliz cuando se nota apreciado, notado, siendo útil.

Esa mala costumbre de que si algo le cuesta algo a alguien inmediatamente, vamos a suplir la necesidad, pero hay que tener presente que muchas veces no podremos estar cerca, y por eso instamos a la independencia de pequeños gestos, validemos a nuestros niños.

Cuando pasamos este primer episodio, es sorprendente como se manifiesta el hambre por aprender, es un hambre por saberlo todo, a veces ni muestran interés, pero damos una o dos palabras de contexto de algo, y luego ellos van reconociéndolo en la vida, y regresan y piden que contemos más, como si fuera el cuento de algo misterioso, y que comienzan a descubrir y observar.

Hoy enseñamos: flor, mañana pétalo, hojas, y pasado mañana será pistilo, estambres, sépalo. Y serú gracioso cuando con esas pocas cosas le pueden contar a sus primos o hermanos lo mucho que se entretuvieron, luego vamos revisando distintas flores, y se descubre algo nuevo, adonde van es una aventura y viven un instante mágico que está presente en su propio jardín y en otras ocasiones, cuando se vive en edificio en el parque o plaza cercano.

Un mundo que se amplia día a día, que no es por osmosis, si no enseñando una a una cada palabra, cada significado, cada contexto con paciencia, con amor.

Y ellos son como pequeñas abejas que buscan su miel día a día, extrayendo una aventura dulce, que se va descubriendo poco a poco, y que pueden disfrutar como la belleza de mirar, de ver, de compartir.

Sí quédate atento, pon atención, tu hijo quiere contarte lo que aprende, lo que vio, lo que conoció, lo que descubrió es un mundo nuevo, que siempre estuvo ahí donde las tías no se detuvieron en el mal carácter, irascibilidad, ni en su falta de concentración, si no se concentran en pocos minutos en darle un manjar de los dioses que se asoma en su interior como un rayo de luz.

Poco a poco nos cuentan sus sueños, sus media lenguas, y también nos traen mucha alegría un pequeño progreso detenido en un dique, atorando todo lo que se quiere decir sin ir el agua al mar, sin conocer el ancho mundo por venir.

Crecen un poco cada día en su entorno inmediato, un poco más con sus pares, y otro más conscientes de ellos mismos.

...SOMOS EL ARCO QUE DISPARA LA FLECHA, SIN SABER JAMÁS QUE TAN LEJOS LLEGARÁ...


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